Romeo Santos embelesa a las mexicanas.

ROMEO Santos, El Rey de la Bachata, trajo consigo su trono, apareciendo sentado en él, y su micrófono dorado con una base cubierta de piedras preciosas (lila, roja, azul y amarilla), respaldado anoche por su séquito de músicos que regiamente con su sonido hacen honor al título otorgado al cantautor neoyorquino, en su primera de tres noches en el Auditorio Nacional.

Conquistó, coqueteó, fantaseó, consintió y polemizó con sus “diosas” mexicanas y sin ser el Santo -que por apellido lleva-, llegó al grado de encararlas y tacharlas de ser infieles, pero discretas, que sólo se lo cuentan a la mamá; contrario al hombre, que “por estupidez, por un error, por ególatra, por vanidad e indiscreto, se lo contamos a nuestro mejor amigo para decirle: ‘que fue lo que no hice…’. Es lo que nos cuesta nuestras infidelidades -esto previo a interpretar ‘Infieles'”, detalló.

El solista y ex líder del laureado grupo Aventura, hablando siempre en español, arribó al escenario mexicano, no sólo como el compositor e intérprete de las poco más de 22 melodías que ofreció en la noche de ayer, sino como el animador de su propia fiesta, ataviado con camisa blanca, pantalones ajustados, botas y abrigo oscuro de tres cuartos, siempre aventando besos al aire a sus seguidoras y pidiéndoles: “Arriba, arriba las manos…”.

De entrada, a las fans de la primera fila les regaló sus lentes oscuros que lució desde que llegó. Y sí con esa algarabía que lo caracteriza por su origen dominicano y a un mes de cumplir 32 años de edad, abrió su contagiosa y exquisita bachata, con la que embelesó a su auditorio con “You”, para continuar con “La diabla” y “Malevo”.

A cada minuto, su público se le entregaba gritando “Romeo, Romeo, Romeo…”, y él decía: “No se oye… México”, y cómo no cuando empezaron los primeros acordes de “Por un segundo”, provocó que retumbaran en coro las 10 mil gargantas que llenaron el Coloso de Reforma.

Tras cantar “Su veneno” y “Que se mueran”, continuó con “Mi corazoncito”, para el que pidió a su público que lo diseñaran con las manos y se lo pusieran en el pecho:

Y prosiguió Romeo Santos, sin dejar de comunicarse abiertamente con sus seguidoras intercambiando ideas con “Debate de 4”, “Dile al amor”; “Magia negra”, “Soberbio”, “El perdedor” y “La bella y bestia”.

Romeo Santos, en verdad llevó la fiesta al Coloso de Reforma, rompiendo la formalidad y la rigidez entre el intérprete y el espectador, a quien lo hace partícipe de cada estrofa de sus canciones.

Y volvió a echarse a la bolsa a sus fans con “El malo” y “Noche de sexo”, para dar paso al medley conformado por éxitos como “Cuándo volverás”, “Enséñame a olvidar”, “Obsesión” y Todavía me amas”.

Y con piano, solamente “Vale la pena el placer”, “Angelito”, “Soy hombre” y Rival”.

Romeo hizo un cierre espectacular con “Mi santa”, “Un beso” y “Llévame contigo”, que no dudamos que sus seguidoras así lo hicieron.

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